7 Jan

En 1999 un tal Sam Mendes debutaba en la gran pantalla con ‘American beauty’, una corrosiva visión de la vida americana que no sé definir más que con sublime, genial y fundamental. Y así, con su primer largometraje para el cine Mendes se llevó el Oscar al mejor director, totalmente merecido. Tras ella llegaron ‘Camino a la perdición’, ‘Jarhead’ y ‘Revolutionary Road’, dignas sucesoras para formar una gran filmografía, pero no tan indispensables como la primera.
El año pasado Mendes decidió que quería hacer una cinta de bajo presupuesto, por lo que se montó ‘Un lugar donde quedarse’, una road movie sobre la búsqueda de un hogar por parte de unos futuros padres primerizos, que visitarán a sus variopintos conocidos tratando de descubrir qué tipo de padres ser y donde establecerse. Los papeles protagonistas recaen en John Krasinski y Maya Rudolph. Él interpreta a la perfección el prototipo de buenazo, entusiasmado con ser padre y ligeramente infantil. Mientras que ella, algo más áspera, acumula todas las preocupaciones sobre ser madre. Aunque no tengo ningún problema con la pareja de intérpretes, no me creo a la pareja de ficción. Ella resulta tan fría y contenida que no logra transmitir amor ni en su mirada.
En el viaje de los protagonistas Mendes les muestras que padres ser, y cuales no, con varios forzados estereotipos familiares para movernos entre la comedia y el drama a partes iguales. Mientras tanto, el director recurre a escenas con la pareja rígida como una piedra para darle el toque trascendental a la película ¿a estas alturas con estas tonterías Sam?
En definitiva, la palabra que define ‘Un lugar donde quedarse’ es fiasco. Bajo la firma de Mendes me esperaba un poco más de alma, alguna imagen en la que recrearse y no una cinta que además de modesta en presupuesto también lo es en ideas.
¿La imagen de la película? La siempre sorprendente Maggie Gyllenhaal como la espiritual y mística LN.

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