23 Jan

Un mes después de estrenarse en Estados Unidos llega a nuestras pantallas ‘Up in the air’, justo a tiempo para llegar a los Oscar. Ya es todo un clásico de principio de año que lleguen en manada las películas menos comerciales pero más reconocidas en las entregas de premios. Hasta la gala que tendrá lugar el 7 de marzo se estrenarán ‘Invictus’ y ‘El tierra hostil’ (29 de enero); ‘La carretera’ y ‘Precious’ (5 de febrero); ‘A single man’ (12 de febrero); y ‘The lovely bones’, ‘Un profeta’ y ‘An education’ (26 de febrero).
Hoy le toca el turno a la nueva película de Jason Reitman, el fantástico director de ‘Gracias por fumar’ y ‘Juno’ que repite fórmula con el respaldo de un gran presupuesto. No se puede decir que 25 millones dólares sea una gran cantidad teniendo en cuenta los 500 que se especula que ha costado ‘Avatar’, pero frente a los 6.5 y 7.5 millones de sus dos anteriores cintas es todo un progreso. Reitman nos ofrece comedia, drama y moral a partes iguales en la historia de Ryan Bingham, un hombre que se pasa la vida viajando y despidiendo a los trabajadores cuyos jefes no tienen valor para hacerlo.
El director vuelve a concentrar el peso de la película en sus personajes, sus diálogos y su desarrollo, y para ello nada mejor que el soberbio trío protagonista. Como cabeza de cartel está un brillante George Clooney que ha encontrado en la humanidad de Bingham uno de los mejores papeles de su carrera, interpretando al dedillo el viaje emocional de este hombre independiente y seguro de sí mismo que parecía incapaz de conectar y dar algo por otra persona. La elegida es Vera Farmiga, otra viajera habitual en la que encuentra su alma gemela y con la que nos ofrece los mejores momentos de la película. Las escenas que comparten ambos actores destacan sobre el resto con una naturalidad y una química abrumadoras. La tercera en discordia es la crepusculiana Anna Kendrik, que vive su propio viaje emocional desde la chica que cree saber mucho de la vida y las personas, pero que finalmente descubrirá que cara a cara las cosas son distintas.
Reitman vuelve a meterse con un tema peliagudo con un personaje que se dedica a destrozar la vida de otras personas, pero su visión tragicómica y mordaz le sirve para ensalzar por encima de todo la necesidad de las relaciones humanas. La soledad y frialdad del mundo empresarial es paralela a la de las personas, que limitamos nuestras relaciones, ya sea por miedo o porque nos resulta más fácil no depender de nadie y no llevar peso en la mochila. Al final todos, como Bingham, descubrimos que la vida es mejor con la compañía adecuada. Lo difícil es encontrarla.

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