Nuevo funcionario de prisiones se queda encerrado en medio de un motín y tiene que hacerse pasar por uno de los reos. La premisa, ya de por sí, hace suponer bastante tensión, pero eso es decir poco. Desasosiego. Esa fue la sensación que más sentí con Celda 211, en otros momentos era desesperación, en otros ira.

Tras 20 minutos, uno mismo se convierte en Juan, sufriendo con él la tensión de la mentira y de los actos que debe cometer para sobrevivir. Y también lo seguimos cuando la delgada línea de la moral se ve cruzada por la impotencia. Celda 211 consigue atraparte en su historia, a pesar de que le podrían sobrar algunos minutos de sus casi 2 horas de duración.

Una de las principales razones por las que ésta es una gran película es por sus brillantes protagonistas, en especial el enorme Luis Tosar, y es que a una servidora se le desborda el orgullo gallego cada vez que este señor sale en pantalla. Brutal el maldito Mala Madre, con su voz ronca y su vena hinchada Tosar se ha asegurado una nominación al Goya. No es que sea un mal tipo, que lo es, pero uno se lo hace en los pantalones sólo de pensar en tenerlo delante. Otro gallego aventajado deslumbra en la cinta, Luis Zahera, el Petróleo de Mareas Vivas o, para los no iniciados, el Pertur de Sin tetas no hay paraíso. Borra de tu mente cualquier interpretación que hayas visto de un yonki porque Zahera se sale por todas las bandas con este personaje que logra restarle presencia a los protagonistas.

Tirad vuestros prejuicios contra el cine español porque Celda 211 es una apuesta segura. Pocas veces una puede estar segura de una recomendación.